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Obsesión a la contaminación y con la muerte

Hay un antes y un después de haber sufrido las consecuencias del TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO.
Antes de los 10 años de edad viví una infancia plena de felicidad. Después empezó un lento proceso de lucha, dolor, sufrimiento, miedo, cuyos efectos fueron marcando y delimitando mi personalidad sin que yo pudiera tener control sobre ello.

Fue una mañana otoñal, con un sol espléndido y un suceso que cambiaría mi vida. Aquella mañana en la que el sol dejó de brillar para mí; a partir de una imagen, vi sangre de un animal muerto. Sentí asco, temor, confusión. Y, Sentí el olor a sangre. Me sentí "contaminada".Desde allí siguieron un sin fin de tristes experiencias, hasta hace 5 años atrás que finalmente volví a renacer.

Una vez finalizados mis estudios primarios, quise ingresar al colegio secundario pero no me permitían porque me tenía que mudar sola y lejos de mi casa. En ese año fallece una tía muy querida por mí. Ahí tuve mi primer impacto con la muerte. Empecé con el lavado de manos, no permitía que ningún familiar tocara ni lavara mi ropa. Empezó el ciclo lectivo y finalmente logré continuar con mis estudios, me mudé a una pequeña ciudad.

Era la primera vez que me apartaba de mi familia, pero yo tenía un objetivo claro: continuar estudiando. Al principio me costó muchísimo integrarme con mis compañeros, acostumbrarme a un nuevo lugar, pero seguí adelante.

Fui a un colegio católico cuyo uniforme era bordó y blanco, vivía en un albergue estudiantil con un grupo de chicas, de allí solo tenía una amiga. Estaba cursando el primer año, era pleno invierno; un 12 de julio, mi amiga y yo nos estábamos preparando para ir a clases cuando de pronto escuchamos un estruendoso ruido similar a una explosión. Mi corazón se estremeció, y me quedé paralizada junto a mi cama. Unos minutos después escuchamos las sirenas de una ambulancia, seguida por la de un patrullero. Todas las chicas salieron a ver que pasaba, le pedí a mi amiga que se quedara conmigo. Todo fue tan rápido, escuché llantos y gritos desgarradores con el nombre de una persona. Un trailer con un acoplado cargado de legumbres atropelló y mató al instante a una alumna de 5º año. Su nombre: EMILCE PATRICIA MIRANDA. Este lamentable hecho fue crucial en mi vida. Yo no vi lo pasó, tampoco quise, pero fue imposible ya que todos hablaban de ello.

No recuerdo si en algún momento crucé palabra con ella, pero recuerdo su rostro, su imagen. La veía todos los domingos en misa, ella era muy solidaria, estaba siempre ayudando en todo, y también era parte del coro de la iglesia. Su nombre y Apellido se fijaron en mi mente de manera tan obsesiva, que sufría horribles pesadillas durante todos esos años que padecí el T.O.C.

Mis obsesiones invadían mi mente en forma incontrolable. Empecé a recluirme, no quería salir de mi habitación, me costaba concentrarme en mis estudios ya que mi mente estaba ocupada por pensamientos obsesivos.

Mi adolescencia estaba llena de dolor, angustias, no podía disfrutar de nada. Cursé allí hasta el tercer ciclo. El cuarto año lo hice en Bs. As. Empecé en el turno mañana, cuando creí que me había escapado de todo aquello que me atormentaba, supe que tenía una compañera cuyo segundo nombre era EMILCE. Hice un esfuerzo por terminar ese año.

Al siguiente pedí cambio e turno, dos meses después supe que tenia una compañera cuyo apellido era MIRANDA. Por momentos sentía que no tenia las suficientes fuerzas para soportar ese nombre y apellido que tanto me atormentaban.
Todo eso me recordaba aquel fatídico accidente del que tanto quería huir. Mi mente me jugaba una mala pasada; empecé a relacionar todo lo que tuviese que ver con la muerte. No podía pasar por la puerta de un cementerio, no podía tocar velas, tenia terror de ver sangre, no quería entrar en los hospitales , temía contagiarme alguna enfermedad, etc.

Yo relacionaba todo con lo externo, no podía darme cuenta que todo estaba en mi mente, y, por lo tanto yo tenia el control de ello. Paralelamente a mis estudios secundarios estudiaba ingles; esto era lo único de lo disfrutaba muchísimo. A estas alturas tenia mis manos destruidas de tanto lavármelas.

Usaba unas manoplas que yo misma las confeccionaba con tela gruesa y doble, para asegurarme de que las manos me quedaban realmente limpias. No tenia vida social, siempre encontraba alguna excusa para no salir (aunque me moría de ganas por hacerlo).

Aprendí a ocultar muy bien mi sufrimiento, No podía contarle a nadie, sentía vergüenza, miedo de que no entendieran, porque en realidad yo tampoco entendía muy lo que pasaba. No tenía referencia alguna de que a alguien le ocurriese algo parecido. Cuando me veía obligada a asistir a algún lugar llevaba en mi cartera las manoplas y un pedazo de jabón para entrar y lavarme en algún café.

Empecé a estudiar Psicología y también a trabajar. Como tenía mas obligaciones y responsabilidades, me sentía mas temerosa, cada vez mas incapaz de concentrarme o de dar un examen, cada vez que debía dar examen oral, me ponía tan nerviosa, sentía que todas las miradas estaban sobre mí y olvidaba de todo, mis manos transpiraban, mi corazón se aceleraba y me temblaba la voz. Llegó un momento en el que ya no podía ocultar mis manoplas entonces todo lo agarraba con ellas, limpiaba todo en mi casa si alguien había tocado algo. Mi madre empezó a preguntar, algo le conté pero no fue comprender ese infierno invisible en el que yo estaba viviendo.

Nadie se daba cuenta de lo que me pasaba, esperaba a estar sola para desahogar tanta angustia. Perdí seguridad en mí, no me sentía capaz de continuar con los estudios ni con el trabajo. Deje todo. La Fobia Social y el T.o.c, tomaron el control de mi vida.

Llegué a la Fundación FOBIA CLUB, de la mano de mi madre (quien fue la que me acompaño en todo el proceso de recuperación), con una calidad de vida deteriorada, pero con la esperanza de salir de ese horror que no me permitía tener paz. Hoy estoy totalmente recuperada. Tengo una hermosa familia y disfruto de la vida con total libertad.

Patricia

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Fundación Fobia Club

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