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Volver a ser la persona que un día fui.

Un día, hace seis años comencé a sentirme mareada. El mareo empeoraba al tratar de salir de mi casa. Con el correr de los días esperar el colectivo se volvió cada vez más una tortura. La espera de cinco minutos se transformaba en una espera de media hora para mí. No podía estar parada, tenía que apoyarme en un poste o sentarme. Al caminar tenía la sensación de que iba a caerme, de que el piso se me venía a la cabeza.

Empecé a dar vueltas por distintos médicos, cada uno trataba de solucionar el problema desde su especialidad.

Mientras tanto, en las clases de la facultad, no podía concentrarme. No me era posible prestar atención a otra cosa que no fuera mi persona. Me sentaba siempre cerca de la puerta, por las dudas me sintiera mal, aunque eso implicara no ver el pizarrón o no escuchar al docente.

Llegó un momento en el cual ya no podía salir sola de casa, por que al alejarme de la puerta, me descomponía. Se me nublaba la vista, el corazón me latía muy rápido, sentía que iba a desmayarme. Dependía de mi familia para todo.
Terminé en un psiquíatra,  medicada y con terapia. Mejoré un poco, pude salir de casa, pero cada salida era un suplicio. Una opresión en el pecho me acompañaba a todos lados.

Vivía muy cansada. Me deprimí. Mi personalidad cambió. Estaba siempre enojada y seguía suspendiendo todas las salidas por que las hacía sufriendo.
Perdí vida social, amigos y me atrase en la facultad. Dejé de ser feliz.
En febrero de 2009 visité la página de la Fundación Fobia Club.

Me ilusionó mucho saber que otros pacientes eran ahora coordinadores de grupo. Esto hizo crecer la esperanza de una calidad de vida mejor.

Me presenté a la charla orientadora  y, sin dudas, al día siguiente saqué turno para empezar el tratamiento. Me hicieron una primera evaluación  y determinaron, a través de ella, el mejor tratamiento para mí.

El mismo, me permitió en cuatro meses, hacer cosas que solo eran un anhelo constante. Viajo en subte y colectivos, sin importarme si vienen llenos o vacíos. Puedo detenerme a mirar vidrieras, pasear en una plaza. Ya no elijo el lugar más cercano para comprar, ahora puedo caminar tranquilamente a donde sea necesario o deseado. La opresión que me aquejaba desapareció.

Ya no dependo de nadie.

Mi humor cambió, ya no lloro, ahora me río. Hace tanto que no me reía…Veo la vida de manera diferente, eso también se aprende en Fobia Club.

Tengo 26 años y en solo cuatro meses pude recuperar casi completamente la vida que había perdido hacía seis años.

Noelia Lopez

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Fundación Fobia Club

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Palabras claves: pánico, miedo, fobia, ansiedad, trastornos de ansiedad, depresion, claustrofobia, aerofobia, estrés, obsesivo compulsivo, obsesión, fobia en los niños, crisis de angustia depresión

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