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ANSIEDAD y MEMORIA

Lic. Maria Gomez Ferreyra

¿Cómo incide la ansiedad en la memoria?

 

A raíz de la inquietud de varios pacientes con trastornos de ansiedad, sobre sus dificultades para recordar, decidimos escribir este artículo.

Los planteos que surgieron, fueron: “ya no recuerdo las cosas como antes”, “mi rendimiento en el estudio ha disminuido”, “no me puedo concentrar”, “me olvido el nombre de las personas q conozco”, “no recuerdo el nombre de algunos objetos”, “a veces no me acuerdo ni de mirar la agenda”.

Sabemos que se recuerda más aquello que ha tenido un cierto matiz emocional, consciente o inconsciente, y que la memoria, más que una cuestión de capacidad, es una cuestión de organización mental.

Existen 3 tipos de memoria: sensorial, a corto plazo, a largo plazo. Son como almacenes donde se deposita la información y se diferencian en la cantidad de información q pueden albergar y el tiempo q esta puede permanecer guardada. La sensorial registra la información captada por los sentidos durante un periodo muy breve y es sensible a interferencias; la memoria a corto plazo tiene una capacidad limitada y duración corta; la memoria a largo plazo es virtualmente ilimitada y almacena los datos de forma más o menos permanente.

Luego existe la memoria procedimental, que es la que agrupa la información necesaria para realizar una acción; la semántica que contiene información organizada sobre nuestro conocimiento del mundo; y la episódica que actúa como referencia temporal de nuestros acontecimientos personales.

Una vez captada la información, se la debe almacenar. Los procesos de la memoria para ello, son, almacenamiento de la información captada por los sentidos; codificación para convertir los estímulos sensoriales en información significativa y asimilable, etiquetando el material importante y descartando el superfluo;  y la recuperación que nos permite acceder a los datos buscando las claves que hemos creado para ello.

Los olvidos que más frecuentemente aparecen son: el nombre de una persona al momento de encontrarla, algo importante durante una conversación y recordarlo cuando haya terminado, el propio número de teléfono, algo en el fuego, las llaves de la casa, luces prendidas al salir. Uno cree haber sufrido un olvido, pero muchas veces lo que ocurre es que no se lo ha llegado a aprender bien, o no se le ha prestado la debida atención, como sucede usualmente en las personas ansiosas. Para recordar debemos primero estar atentos, concentrarnos y estar seguros de haberlo captado. Ciertas emociones, como la ansiedad, interfieren en la atención, alteran la concentración, generan malestar y frustración e impiden que la información almacenada sea fácil de recuperar.

Hay alimentos que mejoran la memoria, como la glucosa (miel), el calcio y el fósforo (leche, queso, huevos, germen de trigo, almendras, nueces, avellanas), el magnesio (pan integral, sal no refinada, germen de trigo, chocolate), el cobre (leche, yema de huevo, hígado, alimentos de origen marino, espinacas, verduras, germen de trigo), los lípidos (carne, pescado, huevos, lácteos y legumbres), los carbohidratos (cereales, legumbres, hortalizas, pasta, arroz, pan, azúcar), los aminoácidos y oligoelementos (levadura, pescados, ostras, almendras tostadas con sal, nuez moscada)y las vitaminas B, A, C y D.

Otros son perjudiciales, como la cafeína que dificulta los procesos de memorización, genera irritación y distracción, sueño intranquilo e irregular; el alcohol que genera incapacidad para retener información nueva, desorientación espacial y temporal; la nicotina que disminuye el nivel de oxigeno en sangre; los tranquilizantes que dificultan los procesos de adquisición de la información, disminución y falta de coordinación de los movimientos y dificultades de concentración.

Hay cuatro maneras de memorizar: de forma auditiva, visual, gráfica y de articulación. Cada persona es más o menos hábil en una de ellas. Es tanto más fácil cuanto más libre se halle la mente.

Una de las leyes de la memoria es la ley organizativa que evita sobrecargar inútilmente la mente, memorizando solo aquello por lo que siente interés. Se puede retener aquello q se ha comprendido bien. Debemos prestar atención, ordenar, simplificar y buscarle el sentido.

Ahora, también es verdad que “si lo recordáramos todo estaríamos tan enfermos como si no recordáramos nada.” (William James). Por lo cual hay información que debe ser descartada.

Para desarrollar la memoria, se necesita práctica y conocimiento de los recursos mnemotécnicos. La atención es la clave de la retención. Hay ejercicios para mejorar la memoria, ya que es preciso convertir el recordar en un hábito, por ejemplo, hacer asociaciones (cargadas de color, movimiento, dramatismo), el método de la cadenas (armar una historia que una la lista de palabras a recordar), el de las perchas (escribir una lista numerada de cosas familiares para uno. Luego la lista a recordar, también enumerada. La idea es enganchar las palabras con igual número, asociándolas con una imagen. Por ejemplo, si la palabra a recordar es jabón, y ocupa el lugar número 1 de la lista, asociar con la palabra número uno de la lista percha, que podría ser mascota, y la asociación sería visualizar a nuestra mascota enjabonada) , el ritmo y rima, las parejas (reduce la información por aprender a la mitad), los acrónimos (construcción de una palabra con las iniciales de los elementos que uno debe recordar), y otras estrategias externas como, por ejemplo, notas, alarmas, agendas, ponerse el reloj del revés, el anillo en otro dedo, etc.

Para lograr la recuperación de la información, podemos usar mediadores verbales como una historia o relato, la técnica de los lugares (relato de Cicerón, que consiste en asociar el nombre con el lugar que ocupa la persona o el objeto, para posteriormente, al ir recorriendo los lugares, poder evocar el nombre que buscamos) o hacer un recorrido imaginario por un edificio depositando una idea en cada habitación.

Para recordar un nombre, primero fíjese en la persona, preste atención al nuevo nombre, si no lo entendió bien, pida que se lo repitan, dígalo en voz alta mientras saluda, interésese por los demás, fije el nombre con asociaciones (imágen o fonética), busque algún significado del nombre, etc.

Si el nombre a recordar fuera el de la modista Cocó Ch, podríamos visualizar un coco en un canal de televisión, para asociar el nombre a la persona.

Un proverbio chino dice “Cuéntame algo y lo olvidaré, muéstramelo y podré recordarlo, implícame en ello y lo comprenderé”. Este es el motivo por el cual las emociones pueden, ayudarnos a recordar, o interferir en alguno de los procesos de la memoria, impidiendo que se fije el conocimiento, o no pudiendo evocarlo con posterioridad, cuando lo deseemos.

Asique, a ejercitarse!

 

 

                                                                                            Lic. María Gómez Ferreyra

                                                                                                Fundación Fobia Club

 

 

 

 

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Palabras claves: pánico, miedo, fobia, ansiedad, trastornos de ansiedad, depresion, claustrofobia, aerofobia, estrés, obsesivo compulsivo, obsesión, fobia en los niños, crisis de angustia depresión

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